viernes 15 de mayo de 2009

Verdades universales


«Los Filósofos tienen "pajas mentales" como todo el mundo, cuya vanidad transforma en verdades universales»

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jueves 30 de abril de 2009

De la artificialidad de los estados de ánimo

Tomemos a las emociones humanas como las reacciones químicas que son producidas en nuestro cerebro y asi mismo convendremos que los catalizadores que desencadenan dichas reacciones son los estímulos externos que recibimos a través de los sentidos.

No somos muchas veces conscientes de hasta qué punto podemos mediante los sentidos ser dueños de nuestras vidas, de nuestros estados de ánimo. Cuando estamos de bajón las más de las veces nos limitamos a resignarnos y pasar el chaparrón mental, sin pararnos a pensar racionalmente en si podemos de algún modo superar ese sopor. En otros casos está claro que el nivel de ofuscamiento o depresión es de tal magnitud que es incluso justificable tal estado y no podemos hacer nada para cambiarlo salvo acudir a ayuda profesional, pero éste no es el caso que nos ocupa.

Un lunes uno se levanta de base, de mucha peor leche que un viernes, deprimido, casi sin saber que sentido tiene todo. La situación pinta fea para lo que queda de día, el cielo nos cubre con grises nubarrones, e incluso caen chuzos de punta, pero puede ocurrir que un simple gesto, el simple pensamiento de cosas que estan por venir, algo nuevo sobre lo que escribir, o sencillamente ir al trabajo escuchando música, cambie la perspectiva que teníamos en primera instancia.

La música es bajo mi punto de vista, uno de los catalizadores de emociones más poderosos con los que cuenta el hombre. Para los antiguos la música era de origen divino, un don precioso hecho a los hombres por algún Dios, considerándola también vehículo de magia y encantamiento, y como ya dijo Nietzsche: "Ohne Musik wäre das Leben ein Irrtum", que viene a ser que la vida sería un engaño sin la música.

Por otro lado las circunstancias que rodean a cada persona es otro de los factores que influyen determinantemente en el estado de ánimo de cualquiera, y éstas son inherentes al ser como otrora dijera Ortega. Tan volátiles y cambiantes que salvo temas de gran calado, la mayoría de las veces son motivos de lo más nimio, que con el más normal de los sentidos comunes se pueden abordar.

Y es que hay veces que uno es infeliz sin realmente tener motivo alguno, sin saber el porqué. Es lo que podríamos denominar "la infelicidad artificial generada", que los mecanismos automáticos del cerebro humano adoptan por vicio, en gran medida creados por las sociedades de consumo en las que nuestras vidas discurren, de necesidad artifical en necesidad artificial. Esta cadena no conduce a un final feliz como cabría esperar, sino al mas absoluto de los vacíos. Es una espiral de consumo que no nos proporciona bienestar real, simplemente dividendos a quienes juegan el papel de productores de necesidades. Pero la buena noticia es que al tratare de algo alojado artificialmente en nuestro interior, puede ser mediante los instrumentos de la razón estraído con relativa facilidad. Prueba a realizar un ejercicio sencillo de análisis, párate un instante y piensa dos veces en si realmente necesitas todo lo que tienes o pretendes tener y actúa en un futuro en consecuencia con tus observaciones, deshazte -en caso de querer- del vicio del consumismo. Al principio nos costará dejarlo como vicio que es, pero al cabo de un tiempo notaremos como además de ganar unos kilitos nuestra cuenta corriente, autoestima y estados de ánimo respiranrán mejor.

Finalmente para ilustrar plásticamente la variabilidad del ánimo en los individuos, un poema de Mario Benedetti en el que expresa su sentir en distintas ocasiones:

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

La vida pues puede ser muy bonita o terriblemente fea. Hagamos lo posible por generar las reacciones químicas precisas que nos permitan disfrutar de ella al máximo.

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miércoles 29 de abril de 2009

El convidado de piedra

Viernes tres de abril, nueve en punto de la mañana,

Una dulce atmósfera se pasea por el descansillo de la escalera, los externos rezagados deben estar en estos momentos mojando los últimos bizcochos en el café. Bajo las escaleras dubitativa y torpemente, pasando de un escalón a otro sin más convencimiento que la gravedad terrestre que me empuja hacia abajo, sabiendo que me espera el albero, como vitorino al que van a despachar en brevas.

Echo un ojo por la ventana del corredor. Ahí afuera el mercurio siquiera rebasa los diez grados centígrados y la lluvia de la noche pasada conforma divertidas ilusiones sobre el suelo, como fuentes espontáneas al ser levantadas por las ruedas de los coches.

Luego de acabar con el descenso, llego al descansillo previo a la cantina cuando del lado derecho de la estancia me llega un "Guten Morgen", es la señora de la limpieza que se afana insistentemente en borrar una mancha de helado del suelo con el mocho.

—«Cómo te envidio —mascullo para mis adentros—, cómo desearía estar en tu pellejo en éstos momentos, cómo admiro tu inocencia e indiferencia ante lo que a escasos metros de tí va a ocurrir».

Abro la puerta de contrachapado marrón oscuro, al tirar ligeramente del pomo una hábil brisa se cuela por la rendija de la puerta transportando en sí un aroma ligeramente agrio a salsa de Sauerbraten que estimula mis receptores pituitarios, desencadenando una salivación incontenible.

—«Si sólo pudiera volverlo a saborear una vez, una sola vez. Quizás llegue a la hora de comida, aún queda esperanza»—Sin poder impedirlo la melancolía se apodera de mis impulsos.

Me introduzco en la amplia estancia del comedor y frente a mí el stand del buffet de ensaladas se encuentra vacío, es solo un pedazo de metal desposeído de la salvaje naturaleza que a la hora de comer lo invade. Las mesas de roble y las sillas con respaldo naranja se encuentran perfectamente alineadas, orientadas hacia la pared como un batallón de fusilamiento listo para descargar la ráfaga. El viejo piano de cola que acumula en sus entrañas más polvo que notas musicales me saluda con su habitual indiferencia.

Giro un poco más la cabeza, él se encuentra ahí, sentado en una de las mesas redondas que hay pegadas a la pared de ejecuciones. Mr. Home ha llegado hace rato y se dispone a saborear su segundo café de la mañana. Con su camisa de felpa a cuadros, su raya a un lado en el pelo y sus aires de buen tipo levanta la mano indicándome amablemente que me acerque.

No me engaña, sé que no quiere pringarse en este asunto. Hay suficiente mierda en él para repartírnosla los dos y además invitar a un par de colegas, pero quiere quedarse limpio, salir airoso, lo sé, no puede engañarme.

En el fondo él no tiene culpa alguna, todos seríamos tan amigos si no hubiese llegado ese nuevo requerimiento de los peces gordos. A que mente retorcida se le podría haber ocurrido tal indecencia técnica; Juntar churras con merinas ha ido siempre en contra de mis principios, ¿por qué ahora había de cambiar mi parecer?. Todo daba igual, la interfaz con el sistema de SAP tenía que salir a la luz y yo era la matrona encargada de asistir el parto, lo que en unos momentos se dirimiría es si iba a contar con comadronas o me tocaría realizar la maniobra a solas.

Me siento a su derecha guardando las distancias, me mira a los ojos sin pronunciar palabra mientras da el primero de los sorbos al café de su taza. Mi corazón late fuertemente, tan fuerte que puede oírse, él puede oírlo latir, sé que no sera fácil pero tengo que tratar de controlarlo.

—"¿No toma café?" —me espeta.

—"No gracias" —contesto desahogando mi mirada en el piano de cola. No quiero perder los pocos nervios que me quedan y echarlo todo a perder, quiero que esto acabe cuanto antes.

El silencio es insoportable, casi puede oírse. Él juega con su bolígrafo de la DSAG mientras abre un cuaderno lleno de notas vestigio de batallas pasadas. Yo miro mis apuntes atropelladamente, buscando algo, buscando el modo de salir de allí, de poder seguir con mi monótona vida, de no sentirme tan jodidamente encerrado.

Un breve crujido proveniente de la entrada distrae la atención. ¡Ahí esta! ¡por fin! La figurilla tolkieniana del Gnome se asoma por el marco de la puerta, con sus andares tan fantásticos, como concentrándose en mover una pierna y luego la otra. Suspiro profundamente aliviado, ya no estoy sólo, he cumplido mi parte. Había sido encomendado a hacer de avanzadilla y captar las primeras impresiones sobre Mr Home, por suerte ya no estoy solo, la atención se reparte, la caballería ha llegado, los refuerzos son una realidad.

—"Guten morgen Herr'n Kollegen" —Ese saludo produce en mi mente un efecto parecido al que se debe sentir cuando el final de un bombardeo es anunciado.

El pequeño y sabio compañero se sienta a mi lado, me esboza una sonrisa, eso es bueno, me tranquiliza. Deja sus notas sobre la mesa, el papel esta en blanco... No se que tendrá en mente pero espero que sea algo más que un papel en blanco.

Comienza entonces la disertación por ambas partes, se exponen los frentes, se fijan las trincheras y se tiran los primeros perdigonazos. En estos momentos del choque los dos contendientes se miden mutuamente, como queriendo probar que tan dispuestos a luchar por su libertad están.

Los primeros chorros de adrenalina son segregados por las glándulas suprarrenales, cuando casi sin tiempo para reaccionar cae el primer "tururú" por parte de Mr. Home. Ha sido un gran movimiento pero no ha causado el efecto deseado, el Gnome es perro viejo y todo vuelve a estar como al principio.

Mr. Home recurre entonces a la guerra psicológica y opta por una estrategia más agresiva pintando un par de cajitas UML para sembrar el caos, al principio consigue desconcertar al Gnome, que pronto se rehace y boli en mano contraataca con un par de cajitas más de su cosecha que consiguen de nuevo equilibrar el confrontamiento.

Las posiciones se radicalizan y se suavizan por momentos como si de latidos de un ser viviente se tratasen. Ninguno de los dos da su brazo a torcer, cada cual tira para su lado como de una sogatira. No parece que vaya a haber un resultado claro, será una batalla de desgaste si nadie lo remedia, en la que sólo el que menos agotado quede al final saldrá victorioso.

Tras permanecer durante todo el conflicto agazapado en mi trinchera, intento entonces en mi grandeza ganarme la gloria y obtener mi bautismo de fuego desmarcándome con una pregunta que hace retorcerse a Mr. Home en su asiento, parece que lo he incomodado. Sin darle tiempo a reaccionar Gnome aprovecha la brecha abierta para hacer una incursión por el flanco, y propone que se programe un "hello world" en ABAP. Parece que lo hemos conseguido, los chorretes sudoroso pueden verse como cascadas cayendo por su frente, lo tenemos atrapado. Comienza a pasar páginas para encontrar una salida, suelta un par de propuestas como alternativa a nuestro ataque, pero lo cierto es que no hay más salida.

—«tienes que pringar Mr. Home» —Me repito una y otra vez victorioso.

De pronto y sin que aún pueda explicármelo, parece pasar un ángel o caer un rayo, el café se acaba y la cosa queda en tablas, se acuerda un armisticio, se llamará a un experto para nos aconseje.

—«Esta vez has salido con vida, pero nos volveremos a ver las caras Mr. Home».

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martes 7 de abril de 2009

Oda a la Brezel


Con tu forma sinuosa
más salada que otra cosa,
bien embadurnada en sosa,
ora seca, ora jugosa;

¡Oh tu! hermosa, apetitosa,
en paladar tan pegajosa,
tu recuerdo me rebosa
y transforma en verso prosa.

Te dedico esta coplilla,
transformada ahora en canción:
división suave en la quilla,
previo a darme el atracón
te lleno de mantequilla,
aun te digo de corazón
¡que eres cierta maravilla,
una tan grande invención!

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miércoles 1 de abril de 2009

Flora y Fauna

Como el bueno de Félix Rodríguez de la Fuente se empeñaba en hacernos ver en su magnífica enciclopedia universal de la Fauna, cada lugar de la tierra es único, un compuesto de ecosistemas, cada uno de ellos diferente al resto y cada cual lleno de seres que se adaptan al medio en el que habitan.

El entorno del departamento de desarrollo de Software puede que posea muchas similitudes con cualquier otro departamento de estas características, pero dentro de éstos el de una aseguradora es un hábitat único sobre la faz de la tierra, en el cual la variedad de especies y su convivencia resultan de un interés biológico inestimable y cuyo estudio pormenorizado procedo a desmenuzar.

The Gnome

Personaje bonachón y recortado, a cuya barba junto con el cuello de su camisa, suele dirigir sus palabras con sibilinos siseos que dificultan tremendamente su entendimiento. Frunce el ceño al concentrarse y hablar de cosas importantes cual malo de película, no pretendiéndolo ser en absoluto. Suele meterse unas dosis de café para el cuerpo que ni Juan Valdés en sus tiempos mozos y verle estornudar es todo un espectáculo de luz y sonido. Es un tipo bienintencionado que se ve envuelto en casi todos los marrones que a menudo sacuden el departamento. Ferviente defensor del KDE, suele soltar pestes cuando el entorno linuxero que lleva su nombre salta a la palestra.

"Java" the Hutt

El apodo no le viene en vano ya que es la fuente de Java por excelencia de la que todos se nutren, ya se puede plantear la pregunta más puta que tras un profundo y esforzado suspiro enhebra y no para hasta que suelta toda la entrada de la API. Para que negarlo el sobrenombre le viene también debido a su extraordinaria masa corporal, la cual mantiene a raya gracias a la ingesta de postres varios después de las comidas. Es el bohemio del grupo y llega a la oficina cuando le viene en gana, suele coincidir con el mediodía así que la hora a la que saldrá no me la quiero ni imaginar. Suele aparecer con el mismo atuendo día sí, día también, de forma que al final de la semana podría decirse que aquella camisa roja forma parte de su ser.

El Desaparecido

Con sus aires de roquero y su pendiente en el lóbulo derecho vestigios de un pasado subversivo, es un rebelde socializado y adecuado a las reglas del juego. Tiene una jornada un tanto laxa, dos días los pasa en la oficina y el resto de la semana trabaja desde casa para atender al cuidado de sus crías. Al parecer proviene de las zonas profundas del "Schwabenland", con lo que probablemente maneje un dialecto de aúpa, motivo por el cual habla más despacio que ralentizado y con un alemán que ni en la real academia, por eso de evitar comentarios jocosos respecto a su modus linguae.

Juanito "el cojo mantecas"

De rostro enjuto y anguloso, cabellera azabache y manos largas y aguzadas, es un personaje dispuesto a echarte una mano en cualquier situación y sea cual fuere la dificultad. De origen chino... Perdón vietnamita, maneja un alemán un tanto peculiar, lo que en ocasiones hacer sospechar si el idioma que practica en realidad es el vietnamita con acento alemán. Suele pasar largas temporadas en la cocina amarrado a un Gaulois y una taza de café, con lo que toca hacerle de telefonista en más de una ocasión. Rasgo definitorio de su ser es su dificultad a la hora de la translación corpórea debido a un defecto en sus piernas, cosa que no le impide bajar las escaleras con gran ligereza cuando la hora de la pitanza es anunciada.

El Dandi

El veterano del equipo, siempre enfundado en sus camisas recién planchadas, pantalones con raya y sus maneras de marqués. El canalla se jacta de expresarse en un correcto "Pfälzisch". Desganado a la hora de pringar y casi nunca dispuesto a colaborar sino es con una expresión de desagrado previa en su rostro. De un mal humor por las mañanas digno de Fernán Gómez, no ha de ser molestado hasta que repican las once, momento en el cual el segundo café se encuentra bien repartido por su organismo. La frase con la que saca de su interior la frustración que en ocasiones el desarrollo le produce "so ein Scheiss", puede ser oída en una jornada más veces con que dedos cuenta una mano. Cabe destacar su característico golpeo de mesa acompañado por siniestra risotada que hacen recordar al Drácula de Coppola, cuando de expresar júbilo se trata. Un espécimen realmente único en su clase.

El Enterao

Ejemplar parco en palabras, risas, y gestos. Se caracteriza por su sapiencia en todos los campos de la informática, y su indiferencia y repudio en temas tocantes al resto de las cosas. Su prosa suele estar marcada por el uso incontenido de la muletilla pedante "de Facto". Esa faz cetrina y lampiña y los ojos azul cielo asomando por unas gafas grisáceas hacen desconfiar de su persona. Seguramente sea el tipo más cachondo de Ludwigshafen, pero lo que es en el curro es huraño en cantidades industriales.

El Enrollao

Individuo procedente del área Colonés, de formas sencillas y asequibles no se distancia de tu persona a pesar de poseer unos conocimientos que le hacen ser un tipo astuto y cultivado. De risa sucia y espontánea, contagia su humor y buen hacer a los que le rodean. En ocasiones puede producir efectos de "bloqueo mental" debido a la profundidad de los temas que toca.

La Raspa

La jefa del clan, ella manda y todos obedecen, al menos cuando detrás de su dialecto extremo se llega a vislumbrar lo que pretende expresar. Rasgos faciales afilados, cuenta con un apéndice olfativo digno de mención. Suele acabar las conversaciones con un "tjaaa" sostenido y un oscuro silencio que se produce indefectiblemente al final de cada una de sus intervenciones.

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sábado 28 de marzo de 2009

Érase una vez que se era

Después de tres meses currando como un titán en la empresa de mis sueños (y que bonito es soñar) es tiempo de echar la vista atrás, recapitular, hacer examen de conciencia y ver que ha ocurrido en este tiempo, como he llegado hasta aquí. Pasando por alto datos sin importancia como robos a mano armada, noches en el calabozo y otras pequeñeces que no vienen al caso.

Desde que llegué en el mes Octubre las cosas han cambiado bastante, ya no soy el piojo social en el que me convertí los primeros meses de estancia aquí. Me pasaba el día jugando al WOW, tenía un gnomo-mago la mar de salao, a parte de jugar me dedicaba a leer todo lo que caía en mis manos en el idioma de Chopenjauer, que como todo el mundo sabe es la forma más directa de ampliar los conocimientos que se tienen de una lengua, pegándose uno con ella. Podría resumirse mi estancia esos dos primeros meses de vida alemana como de monje-ermitaño con atisbos de esquizofrenia-paranoica; Comer, descansar, leer, arar el huerto, orar, transcribir códices emilianenses, hablar con mi otro yo y bueno alguna foto que otra por los alrededores también tiré.

El tema interesante empezó cuando a mediados de diciembre, después de recibir unas cuantas, ¡que coño! muchas respuestas de empresas deseandome suerte (seguro que me habría tocado la lotería si creyese en esas cosas y hubiera comprado un cupón), resulta que abrí un mail de una de las empresas a las que había mandado el curriculum, en el cual me invitaban a hacer una entrevista personal en sus oficinas de Mannheim. En ese momento me dio un vuelco el corazón porque una cosa es imaginarte que vas a trabajar en un país extranjero y otra muy distinta es tomártelo en serio.

Llegó el día D y en el tren de camino a la batalla... Quiero decir, a la entrevista, iba más que acojonado, menos mal que me preparé unas frases estrella, más bien un discurso estrella de lo que había sido mi vida hasta aquel entonces, en plan que había estudiado, donde había trabajado, con que pie me levanto por las mañanas, cuanto aguanto sin respirar y datos relevantes de ese tipo.

Pues bueno después de hora y media contando mentiras, la verdad que salí con buen sabor de boca ya que la entrevista había ido bastante rodada. Mi alemán no fue comparable al de Chíler o Guete pero salí al paso como pude.

El tema es que parece ser que me expliqué bien y entendieron todo lo que dije, o que le molé a la secretaria una de dos, el caso es que me llamaron para hacer una segunda entrevista a las dos semanas. Menuda sorpresa que me llevé, ya que aunque con buenas sensaciones tras el primer round, tampoco estaba muy convencido de que les hubiera gustado, con la de "freaks" alemanes que hay por ahí sueltos y sin vacunar.

En la segunda entrevista me reuní con los que ahora son mis jefazos de departamento, el incomparable tandem Lö-wi a los cuales tuve que soltar de nuevo el rollo de la primera vez. Pues bien después de todas las formalidades y de contarles de manera resumida la historia de mi vida, la entrevista resultó de lo más distendida. Empezamos a hablar de fútbol, de la historia de las colonias alemanas en África, de filosofía, de lo divino y lo humano y hasta del tiempo, en fin una gente de lo mas afable y yo sintiéndome como en casa.

Así pues aquella tarde salí más alegre que unas castañuelas y por así decirlo (y aún sin confirmar oficialmente) con un curro bajo el brazo.

Como aún así no las tenía todas conmigo y mi abuela dice que mozo precavido vale por dos, hice otra entrevista. Esta vez en Karlsruhe una ciudad más cerca de donde vivo actualmente. Lo que pasa es que el puesto era para programar en .Net y no me quedaron muy buenos recuerdos de la perraca de Mercedes Vergas y su "Interacción hombre-maquina" de los cataplines. La cuestión es que también me dijeron que sí a ese trabajo, así que me planté en unas semanas de estar haciendo el mono en casa, tocándome las pelotas y haciendole fotos a las flores, a tener dos curros.

Ni que decir tiene que en cuanto supe que me habían aceptado para el curro de Mannheim rechacé este otro que, aunque me pillaba más cerca de casa el tema de Java me tiraba más.

Por así decirlo la parte mas jodida ya estaba hecha, meter el cuezo en una empresa alemana, a poder ser para currar.

Llegados a este punto, comenzó el baile de papeles, documentos, llamadas, solicitudes, viajes, fotos, y más papeles, que tuve sufrir para empezar a trabajar como cualquier alemanito de a pie. Por un lado me pidieron el título de la Universidad, que como todos sabemos el servicio de atención al alumnado es sobresaliente y se puede recoger el titulo al año de haber acabado (con eso de que lo tiene que firmar el rey). Menos mal que antes de venirme me hice con un documento en el que aparecían todas las asignaturas con sus notas, firmado por el honorable señor secretario Eugenio G. y que fue lo que presenté como garantía de que había terminado la carrera. Al principio me miraron pensando que era una coña, pero cuando les expliqué como iba el sistema de notas en España (aquí 1 es lo mejor y 5 es lo peor) y los créditos que tenía cada asignatura se quedaron más tranquilos.

Por otro lado me pidieron un certificado de penales, he ahí mi cara cuando me llegó el chiste del botellón, susto que se me pasó días más tarde, cuando el agente Abajo Suárez me explicó que sólo se trataba de una falta administrativa y que no aparecería en el susodicho papelajo. El tema es que tuve que ir a Stuttgart al maldito consulado a solicitarlo y a día de hoy no he recibido noticias de su llegada, debe ser que están tan ocupados con los reos que no pueden darle a botón imprimir.

A parte de eso y resumiendo el tema burocrático, tuve que empadronarme aquí, abrir una cuenta en el banco, hacerme un seguro médico, solicitar una tarjeta de impuestos, declarar mi confesión religiosa (tienes que declarla al empadronarte para que te roben de tus impuestos directamente los curas) y solicitar un seguro de pensiones, en fin ya sabemos como les gusta gastar papel a los amigos teutones.

Pues bueno después de firmar más papeles que un notario, el día dos de enero (con todo el resacón de nochevieja, tócate los cojones) fue mi primer día en el Datenverarbeitungsabteilung der INTER im Hauptverwaltungsgebäude, que no es una enfermedad de transmisión recto-dental sino una aseguradora, situada en la muy noble ciudad de Mannheim.

La verdad que el primer día no pudo ser más relajado, resulta que era viernes y como el día anterior fue año nuevo, el día dos se lo pillaron libre hasta las grapadoras, así que cuando llegamos el otro tipo que entro conmigo (el entrañable y dicharachero R. Angelduro, apellido traducido para evitar afrentas de cualquier tipo) y yo, sólo nos recibió un chavalote originario de Colonia y que fue el que nos dio las primeras instrucciones de como funcionaba el cotarro en la empresa. Lo gracioso empezó cuando nos dijo que le habían comentado en personal, que tenía que pringar ese día porque iban a entrar dos nuevos, un informático y un español, ahí fue cuando sospeché que en realidad no había sido contratado para programar, sino para amenizar los momentos ociosos con unos cantes y unas palmas, estos alemanes son unos cachondos.

Nos contó toda la parafernalia técnica que os podéis imaginar, después prosiguió comentándonos que se puede comer en la cantina por un precio más que razonable -menú 2,60 €- y terminó explicándonos el magnífico sistema de horarios que manejan, el llamado "Gleitzeit", que viene siendo el ponte tu el horario como te salga de los carpafacios. Tanto es así, que puedes llegar cuando te salga del huevo derecho e irte cuando consideres oportuno, tienes que cumplir determinadas horas al trimestre y si se da el caso de que acumulas tantas horas como para poder faltar un día pues no vas y listo, sin que te quiten días de vacaciones, o tengas que ir a rogarle a María santísima.

El trabajo que vengo desempeñando es más o menos parecido al que hice hasta ahora, unos bucles por aquí con un poco de argamasa, unos estándares por allí para dar estabilidad a la estructura, unas interfaces para darle la flexibilidad ante posibles terremotos, un del obrero del bit en definitiva.

Los compañeros la verdad que no parecen para nada alemanes, por lo menos no al estilo al que estamos acostumbrados a pensar, o sea tíos obsesionados con el trabajo, serios y disciplinados. Todo lo contrario la verdad que no paran de hacer el gilipollas. Hace unas semanas sin ir más lejos, entró una de las secretarias diciendo que nos quería presentar a una nueva compañera, cuando de repente aparece a través de la puerta el bueno de Schwerdtfeger con una peluca negra dando saltos, desde luego como se corrompen las personas humanas.

Bueno a grandes rasgos así es como todo comenzó, esperemos que dure.

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viernes 27 de marzo de 2009

No es tiempo de poesía

Siete y diez de la mañana, otro precioso día de primavera despierta desperezándose sobre Bretten. Me encuentro en la estación sentado como cada mañana, empujando las manecillas del reloj con la mirada, esperando al tren.

Los alegres canturreos de los pájaros acarician graciosamente mis tímpanos y los hacen vibrar, los primeros rayos del sol de primavera juegan revoltosamente en mis pupilas y se dispersan en el interior de mis globos oculares, la suave brisa caliente que anuncia tiempos de paseo se desliza sobre mi piel, envolviéndola.

De repente, un golpe de viento frío percute mi cara como un derechazo directo al mentón.

Levanto la mirada.

—"¿dónde estoy?" —me pregunto.

Poco a poco vuelvo en mí, miro a mi alrededor. Cortinas de lluvia golpean el suelo de la estación con fuerza, dejando entrever a lo lejos el contorno de las torres recortadas en la silueta gris del pueblo. El ulular del viento arremete con fuerza contra mis oídos, me ensordece. Las gotas de lluvia salpican mis párpados al golpear el cristal de la mampara. El duro frío de marzo araña mis manos, las seca.

No es tiempo de poesía.

Es un tiempo duro, ya es primavera...

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