lunes 15 de febrero de 2010

Confusión Manchego-Churrimangueresca

Cuando iba al colegio y nos enseñaban la geografía de Europa siempre me sonó a guasa el nombre de aquel canal que se encuentra entre Francia y las Islas Británicas, ese canal estrecho y largo, sin gran calado, que todos los castellanoparlantes conocemos como "Canal de la Mancha". Desde aquel entonces siempre tuve una muy mala opinión de ingleses y franceses por descuidar de aquella manera la masa de agua que los separaba. Muy lleno de mierda tenía que estar aquello pues para que dijesen directamente que era una mancha.

viernes 15 de mayo de 2009

Verdades universales

«Los Filósofos tienen "pajas mentales" como todo el mundo, cuya vanidad transforma en verdades universales»

jueves 30 de abril de 2009

De la artificialidad de los estados de ánimo

Tomemos a las emociones humanas como las reacciones químicas que son producidas en nuestro cerebro y asi mismo convendremos que los catalizadores que desencadenan dichas reacciones son los estímulos externos que recibimos a través de los sentidos.

No somos muchas veces conscientes de hasta qué punto podemos mediante los sentidos ser dueños de nuestras vidas, de nuestros estados de ánimo. Cuando estamos de bajón las más de las veces nos limitamos a resignarnos y pasar el chaparrón mental, sin pararnos a pensar racionalmente en si podemos de algún modo superar ese sopor. En otros casos está claro que el nivel de ofuscamiento o depresión es de tal magnitud que es incluso justificable tal estado y no podemos hacer nada para cambiarlo salvo acudir a ayuda profesional, pero éste no es el caso que nos ocupa.

miércoles 29 de abril de 2009

El convidado de piedra

Viernes tres de abril, nueve en punto de la mañana,

Una dulce atmósfera se pasea por el descansillo de la escalera, los externos rezagados deben estar en estos momentos mojando los últimos bizcochos en el café. Desciendo las escaleras dubitativa y torpemente, pasando de un escalón a otro sin más convencimiento que la gravedad terrestre que me empuja hacia abajo, sabiendo que me espera el albero, como vitorino al que van a despachar en la plaza.

Echo un ojo por la ventana del corredor. Ahí afuera el mercurio siquiera debe rebasar los diez grados centígrados y la lluvia de la noche pasada conforma divertidas ilusiones sobre el suelo, como fuentes espontáneas al ser levantadas por las ruedas de los coches.