martes

La Visita - Parte primera

Un repentino golpe de cierzo arremetió contra su cara haciéndole asirse con fuerza a la estructura al tiempo que sumía sus recortadas y asimétricas piernas en una incontrolable tembladera. Acto seguido un espasmo recorrió su cuerpo al sentir en sus adormecidas manos la humedad del rocío en la fría superficie a la que se encontraba parapetado. El sol, que comenzaba a alumbrar la bóveda celeste, empezó a cegarlo poco a poco, a cada momento un poco más, lo que le hizo llevarse la mano a la cara y girar la cabeza para dar tiempo a sus pupilas a adaptarse a la claridad que se hacía más fuerte por momentos. Por encima de su cabeza, un desconcertante aleteo producido por las palomas allí residentes le hizo volver en sí y preguntarse finalmente dónde se encontraba.

lunes

Confusión Manchego-Churrimangueresca

Cuando iba al colegio y nos enseñaban la geografía de Europa siempre me sonó a guasa el nombre de aquel canal que se encuentra entre Francia y las Islas Británicas, ese paso de agua estrecho y largo, sin gran calado, que todos los castellano-parlantes conocemos como "Canal de la Mancha". Desde aquel entonces siempre tuve una muy mala opinión de ingleses y franceses por descuidar de aquella manera la masa de agua que los separaba, pues muy lleno de mierda tenía que estar aquello para que dijesen directamente que era una mancha.

jueves

De la química de los estados de ánimo

Tomemos las emociones humanas como reacciones químicas que son producidas en nuestro cerebro y así mismo convendremos que los catalizadores que desencadenan dichas reacciones son los estímulos externos que recibimos a través de los sentidos.

No somos muchas veces conscientes de hasta qué punto podemos mediante los sentidos ser dueños de nuestras vidas, de nuestros estados de ánimo. Cuando estamos de bajón las más de las veces nos limitamos a resignarnos y pasar el chaparrón mental, sin pararnos a pensar racionalmente en si podemos de algún modo superar ese sopor. En otros casos está claro que el nivel de ofuscamiento o depresión es de tal magnitud que es incluso justificable tal estado y no podemos hacer nada para cambiarlo salvo acudir a ayuda profesional, pero éste no es el caso que nos ocupa.

miércoles

El convidado de piedra

Viernes tres de abril, nueve en punto de la mañana,

Una dulce atmósfera se pasea por el descansillo de la escalera. Huele a café, los externos rezagados deben estar en estos momentos mojando los últimos bizcochos. Desciendo las escaleras dubitativa y torpemente, pasando de un escalón a otro sin más convencimiento que la gravedad terrestre que me empuja hacia abajo, sabiendo que me espera el albero, como vitorino al que van a despachar en la plaza.

Echo un ojo por la ventana del corredor. Ahí afuera el mercurio siquiera debe rebasar los diez grados centígrados y la lluvia de la noche pasada conforma divertidas ilusiones sobre el suelo, como fuentes espontáneas al ser levantadas por las ruedas de los coches.