Cuando iba al colegio y nos enseñaban la geografía de Europa siempre me sonó a guasa el nombre de aquel canal que se encuentra entre Francia y las Islas Británicas, ese canal estrecho y largo, sin gran calado, que todos los castellanoparlantes conocemos como "Canal de la Mancha". Desde aquel entonces siempre tuve una muy mala opinión de ingleses y franceses por descuidar de aquella manera la masa de agua que los separaba. Muy lleno de mierda tenía que estar aquello pues para que dijesen directamente que era una mancha.
Hace unos meses, encontrándome en Alemania salió a colación el nombre del manchego canal. Sorprendido y desconcertado me quedé cuando lo oí llamar "Ärmelkanal", que viene a significar literalmente "canal de la manga", ¿¡manga!? pensé acongojado. Desde aquel momento me quedé la mosca detras de la oreja porque la diferencia fonética que existía entre las dos denominaciones (la forma alemana traducida y la castellana) era pasmosamente ínfima, a la par que el significado de las dos palabras era absimalmente dispar.
Tras algún tiempo dejándolo pasar y ocupándome de mis quehaceres personales, unos días atrás me pregunté si en otros idiomas se daría el mismo fenómeno y me propuse llegar al fondo del asunto. Me puse manos a la obra y comencé a buscar en otros idiomas para contrastar significados.
De mis pesquisas pude comprobar que en inglés dicen "english channel" para denotar a la masa acuática que tantas veces les ha salvado el pellejo de los imperios de tierra firme. Pero fué al llegar al nombre en francés que surjió la sorpresa dado que en este idioma se llama de la "manché", que a primera vista podría estar emparentado con nuestro modo de llamar al bendito canal. Fue al mirar el significado en el diccionario que pude comprobar para gran sorpresa del que les relata que la palabra "manché" no significa "mancha" como esperaría todo hijo de vecino, sino efectivamente manga al igual que sucede en alemán, con lo que se podría decir que nuestra forma de llamar al canal fue una metedura de pata del traductor chupaligas de turno, que dándoselas de cultureta y sin echar una misera ojeada al diccionario nombró al canal como le salió de la cadena de huesecillos en aquel momento, sin dar cuenta de los conocidos "false friends ó faux amis" que tanto juego dan al aprender un idioma y que malentendidos de este tipo generan a granel.
Pero qué pelotas, si los ingleses tienen la jeta de llamarlo canal inglés, ¿por qué no vamos a llamarlo nosotros canal de la Mancha? En honor a la querida tierra castellana que a tantos de nosotros ha visto nacer y que fue patio de recreo del más triste de los caballeros andantes que cobijó nunca la boveda celeste ibérica, ¡con dos cojones!
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