Tomemos las emociones humanas como reacciones químicas que son producidas en nuestro cerebro y así mismo convendremos que los catalizadores que desencadenan dichas reacciones son los estímulos externos que recibimos a través de los sentidos.
No somos muchas veces conscientes de hasta qué punto podemos mediante los sentidos ser dueños de nuestras vidas, de nuestros estados de ánimo. Cuando estamos de bajón las más de las veces nos limitamos a resignarnos y pasar el chaparrón mental, sin pararnos a pensar racionalmente en si podemos de algún modo superar ese sopor. En otros casos está claro que el nivel de ofuscamiento o depresión es de tal magnitud que es incluso justificable tal estado y no podemos hacer nada para cambiarlo salvo acudir a ayuda profesional, pero éste no es el caso que nos ocupa.
